La inclusión financiera sigue transformando el acceso económico en Colombia
La inclusión financiera se ha convertido en uno de los principales indicadores de desarrollo económico y transformación digital. Tener una cuenta de ahorro, acceder a un crédito o realizar pagos electrónicos ya no solo facilita transacciones cotidianas, sino que también influye en las oportunidades de emprendimiento, ahorro, inversión y estabilidad económica de millones de personas.
En términos simples, la inclusión financiera hace referencia a la posibilidad de que personas y empresas accedan y usen productos financieros formales, como cuentas de ahorro, créditos, seguros o medios de pago digitales. Esto permite ahorrar de manera segura, acceder a financiación, realizar transferencias electrónicas y construir historial financiero.
En Colombia, el sistema financiero ha ampliado significativamente su cobertura durante los últimos años; sin embargo, todavía persisten diferencias importantes entre regiones, niveles de ruralidad y grupos poblacionales, especialmente en el uso activo de productos financieros y el acceso a canales formales.
Colombia superó las 6.500 oficinas financieras a septiembre de 2025
A septiembre de 2025, Colombia contaba con 6.595 oficinas financieras distribuidas en el territorio nacional. Los establecimientos bancarios concentraron la mayor parte de la infraestructura física con 4.924 oficinas, equivalentes a cerca del 75% del total nacional. También participaron cooperativas financieras, compañías de financiamiento y organizaciones microfinancieras, aunque con una presencia considerablemente menor frente a la banca tradicional.
La distribución territorial evidenció una fuerte concentración en las principales regiones urbanas del país. Bogotá, D.C. registró 1.118 oficinas y Antioquia alcanzó 1.068. En contraste, departamentos como Vaupés, Guainía y Amazonas mantuvieron menos de diez oficinas financieras. Esto refleja cómo la infraestructura bancaria continúa concentrándose en los principales centros económicos y urbanos del país.
Las diferencias también se reflejaron en la ruralidad. Mientras las ciudades y aglomeraciones concentraron 4.451 oficinas, las zonas rurales dispersas apenas registraron 242. Este tipo de territorios suele enfrentar mayores dificultades de conectividad, transporte y acceso presencial a servicios financieros, lo que incrementa la dependencia de canales alternativos y herramientas digitales para realizar operaciones básicas.
Los corresponsales bancarios ampliaron la cobertura financiera en zonas rurales
La expansión de corresponsales bancarios ha sido una de las principales herramientas para aumentar la cobertura financiera en Colombia. Un corresponsal bancario es un comercio autorizado para prestar servicios financieros básicos, como retiros, pagos, consignaciones o transferencias, sin necesidad de una sucursal bancaria tradicional. Este modelo ha permitido acercar el sistema financiero a municipios y poblaciones donde abrir una oficina bancaria resulta más costoso o menos rentable.
A septiembre de 2025, el país registró más de 769 mil corresponsales físicos, aunque cerca de 400 mil se encontraban activos. La diferencia entre corresponsales instalados y activos muestra que todavía existen retos relacionados con sostenibilidad operativa, conectividad y uso frecuente de estos canales por parte de la población.
La expansión de estos puntos de atención ha sido especialmente relevante en municipios intermedios y rurales, donde muchas personas dependen de estos canales para retirar dinero, pagar servicios o realizar operaciones básicas sin desplazarse largas distancias. Esto ha permitido reducir parte de las barreras geográficas históricas del sistema financiero colombiano y ampliar la presencia de servicios financieros en territorios con menor infraestructura bancaria.
Las cuentas de ahorro muestran mayor acceso, pero todavía bajo uso activo
Las cuentas de ahorro continúan siendo el principal producto de entrada al sistema financiero. A septiembre de 2025, Colombia registró más de 96 millones de cuentas de ahorro tradicionales; sin embargo, solo el 40% de estas cuentas se encontraba activa. Una cuenta activa es aquella que presenta movimientos o uso frecuente durante el período analizado, lo que permite medir no solo acceso, sino también utilización efectiva del sistema financiero.
Esto refleja uno de los principales desafíos de la inclusión financiera en Colombia. Aunque millones de personas ya tienen acceso a productos bancarios, una parte importante todavía no los utiliza de manera constante. En muchos casos, las cuentas son abiertas para recibir subsidios, pagos laborales o transferencias específicas, pero posteriormente registran poca actividad o permanecen inactivas durante largos períodos.
Bogotá, D.C. concentró más de 26 millones de cuentas de ahorro, seguida por Antioquia y Valle del Cauca. Además, la capital acumuló saldos superiores a 167 billones de pesos, muy por encima del resto de departamentos, reflejando el peso económico y financiero de la ciudad dentro del sistema bancario nacional.
Las brechas territoriales también fueron visibles en la ruralidad. Mientras las ciudades registraron un porcentaje de cuentas activas cercano al 40%, en zonas rurales dispersas el indicador cayó al 32%. Esto evidencia que el acceso financiero sigue estando condicionado por factores como conectividad, ingresos, educación financiera y cercanía a canales de atención.
Los Depósitos de Bajo Monto (DBM) impulsaron la inclusión financiera digital
Los depósitos de bajo monto, se han convertido en uno de los principales instrumentos de inclusión financiera digital en Colombia. Este tipo de producto permite abrir cuentas simplificadas con menores requisitos y facilita pagos digitales, transferencias y operaciones desde teléfonos móviles. Su crecimiento ha reducido barreras relacionadas con costos, trámites y distancia frente a oficinas bancarias tradicionales.
A septiembre de 2025, Colombia registró más de 74 millones de depósitos de bajo monto, con cerca de 42 millones activos. Bancolombia concentró el mayor número de DBM del país, seguido por Banco Davivienda y diferentes plataformas digitales y entidades electrónicas que han ganado participación dentro del ecosistema financiero.
La expansión de las SEDPE, conocidas como Sociedades Especializadas en Depósitos y Pagos Electrónicos, también ha fortalecido la digitalización financiera. Estas entidades operan principalmente de forma digital y permiten realizar pagos y transferencias desde dispositivos móviles, reduciendo costos y barreras de acceso. Su crecimiento ha sido especialmente importante entre usuarios jóvenes y población con menor acceso a oficinas bancarias tradicionales.
Las mujeres concentraron una mayor cantidad de depósitos de bajo monto frente a los hombres, lo que evidencia una creciente adopción de herramientas financieras digitales por parte de la población femenina. Este comportamiento también muestra cómo los canales digitales han comenzado a modificar la relación de diferentes grupos poblacionales con el sistema financiero formal.
Bre-B acelera los pagos inmediatos y la interoperabilidad financiera
La digitalización financiera también ha avanzado a través de los pagos inmediatos. Uno de los desarrollos más recientes es Bre-B, el sistema interoperable de pagos del país. La interoperabilidad permite que las personas transfieran dinero entre diferentes entidades financieras de forma inmediata, sin importar el banco o plataforma donde tengan su cuenta.
Según cifras del Banco de la República, a mayo 25 de 2026, Bre-B contaba con 35 millones de clientes registrados y más de 106 millones de llaves registradas. Las llaves son identificadores simplificados, como números de celular, correos electrónicos o documentos de identidad, que permiten enviar dinero sin necesidad de compartir información bancaria completa.
Además, el sistema acumuló cerca de 894 millones de transacciones, con un ticket promedio de 153.731 pesos. Esto refleja una rápida adopción de pagos inmediatos y transferencias interoperables dentro del sistema financiero colombiano, especialmente entre usuarios que utilizan servicios financieros principalmente desde dispositivos móviles.
La expansión de este tipo de plataformas podría convertirse en uno de los principales impulsores de inclusión financiera durante los próximos años. La reducción de tiempos y costos en las transferencias electrónicas puede facilitar el uso cotidiano de servicios digitales y fortalecer la integración financiera entre diferentes entidades y usuarios en todo el país.
El microcrédito continúa siendo fundamental para pequeños negocios y emprendimientos
El microcrédito sigue siendo una de las principales herramientas de acceso a financiación para pequeños negocios, trabajadores independientes y micronegocios. Este tipo de crédito está diseñado para financiar actividades productivas de pequeña escala y suele tener un papel importante en economías locales y actividades informales.
Entre enero y septiembre de 2025, el monto total de microcréditos desembolsados en Colombia superó los 12,4 billones de pesos, con más de 1,28 millones de operaciones realizadas. Los establecimientos bancarios concentraron la mayor parte del mercado con desembolsos superiores a 11,3 billones de pesos, aunque organizaciones microfinancieras y cooperativas también mantuvieron una participación relevante en territorios y segmentos específicos.
A nivel territorial, Antioquia registró los mayores desembolsos de microcrédito del país con más de 1,3 billones de pesos, seguido por Bogotá, D.C., Cundinamarca, Nariño y Valle del Cauca. En número de operaciones, Antioquia superó los 116 mil microcréditos, mientras Nariño y Valle del Cauca también registraron altos niveles de colocación.
Las diferencias de género continúan siendo visibles dentro del sistema financiero colombiano. Entre enero y septiembre de 2025, las mujeres concentraron cerca de 694 mil operaciones de microcrédito, por encima de las registradas por hombres; sin embargo, el monto promedio desembolsado a hombres alcanzó cerca de 10,2 millones de pesos, mientras en mujeres fue de aproximadamente 8,3 millones, lo que evidencia diferencias persistentes en acceso a mayores montos de financiación.
La ruralidad también mostró diferencias importantes en el comportamiento del microcrédito. Mientras las ciudades y aglomeraciones registraron montos promedio cercanos a 9,5 millones de pesos, las zonas rurales y rurales dispersas superaron los 11 millones. Esto puede estar relacionado con necesidades de financiación agropecuaria, mayores costos logísticos y dinámicas productivas diferentes frente a las actividades urbanas.
El crédito de consumo mantiene una alta participación dentro del sistema financiero
El crédito de consumo continúa siendo uno de los productos financieros más utilizados por los hogares colombianos. Entre enero y septiembre de 2025, el sistema financiero desembolsó más de 3,8 billones de pesos en créditos de consumo, correspondientes a cerca de 163 millones de operaciones.
Los establecimientos bancarios concentraron la mayor parte de los desembolsos, aunque las compañías de financiamiento también mantuvieron una participación importante en número de operaciones. Este tipo de crédito suele destinarse a gastos personales, compra de bienes, libre inversión y financiación cotidiana de los hogares, convirtiéndose en uno de los principales mecanismos de acceso a liquidez para las familias.
El comportamiento del crédito de consumo también refleja el peso creciente de productos digitales y desembolsos de rápida aprobación dentro del sistema financiero colombiano. Además, evidencia cómo el acceso al financiamiento ya no depende exclusivamente de oficinas físicas, sino cada vez más de canales digitales y plataformas tecnológicas.
Conclusiones sobre la inclusión financiera en Colombia
La inclusión financiera en Colombia continúa avanzando en cobertura, digitalización y acceso a productos financieros. El crecimiento de corresponsales bancarios, depósitos electrónicos, pagos inmediatos y microcrédito ha permitido ampliar la bancarización en gran parte del territorio nacional y acercar el sistema financiero a millones de personas; sin embargo, todavía persisten diferencias importantes entre regiones urbanas y rurales, tanto en infraestructura financiera como en uso activo de productos financieros. Las principales ciudades continúan concentrando oficinas, saldos, operaciones y productos financieros, mientras las zonas rurales y dispersas mantienen menores niveles de acceso y utilización frecuente del sistema financiero.
El principal desafío ya no es únicamente ampliar el acceso, sino lograr que las personas utilicen los servicios financieros de manera frecuente, sostenible y útil para sus actividades económicas. La educación financiera, la conectividad digital y el fortalecimiento de canales alternativos serán determinantes para reducir las brechas existentes en los próximos años.
La expansión de plataformas digitales, pagos interoperables y soluciones móviles también podría acelerar este proceso, especialmente en territorios con menor cobertura física del sistema financiero tradicional. La evolución reciente muestra que la inclusión financiera en Colombia ya no depende únicamente de abrir más oficinas, sino de lograr que los servicios financieros se integren de manera cotidiana y efectiva en la vida económica de hogares, trabajadores y pequeños negocios.
Fuente: Banca de las Oportunidades y Banco de la República.
Nota: información de inclusión financiera con corte a septiembre de 2025 y publicada el 5 de mayo de 2026. Información de Bre-B con corte a mayo 25 de 2026.