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¿Cómo es la población de Colombia? Un retrato demográfico del país en 2026

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    Colombia en Datos
  • hace 4 días
  • 9 min de lectura

Un retrato demográfico del país en 2026

La población de Colombia está entrando en una nueva etapa. Durante gran parte del último siglo, el país estuvo marcado por un crecimiento constante, impulsado por generaciones cada vez más numerosas y una rápida expansión urbana. Ese proceso permitió sostener la ampliación de la infraestructura, los servicios públicos y el mercado laboral. Hoy, sin embargo, la tendencia comienza a invertirse. Colombia sigue creciendo, pero cada vez más lentamente, mientras el envejecimiento de la población redefine el futuro demográfico del país.


Este cambio no es un escenario lejano. Ya puede observarse en la reducción de los nacimientos, en el aumento de la edad de la población y en las diferencias que empiezan a surgir entre departamentos y ciudades. Las proyecciones oficiales del DANE indican que el país alcanzará su máximo poblacional durante la década de 2040 y, a partir de entonces, iniciará un descenso gradual. Comprender esta transición resulta fundamental porque la demografía condiciona muchas de las decisiones que determinarán el desarrollo del país durante las próximas décadas, desde la educación y el empleo hasta la salud, las pensiones y la planeación del territorio.


El crecimiento poblacional se acerca a su límite

Durante buena parte de la historia reciente de Colombia, hablar de población significaba hablar de crecimiento. Cada generación era más numerosa que la anterior y el aumento constante de habitantes acompañó la expansión de las ciudades, la construcción de vivienda, la apertura de colegios y la ampliación de la infraestructura pública. Esa dinámica contribuyó a transformar un país predominantemente rural en uno donde cerca de tres cuartas partes de la población viven hoy en áreas urbanas.


Aunque esa tendencia aún no termina, las proyecciones muestran que está entrando en su última etapa. En 2026, Colombia alcanza una población estimada de 53,4 millones de habitantes, integrada en un 51% por mujeres y un 49% por hombres; sin embargo, el ritmo de crecimiento ya no es el mismo que caracterizó las décadas anteriores.


Entre 2018 y 2026, el país incorporó alrededor de 5,1 millones de habitantes. En contraste, entre 2026 y 2043, un periodo que duplica la duración del anterior, la población aumentaría apenas 2,6 millones. En otras palabras, Colombia seguirá creciendo durante algunos años más, pero lo hará cada vez con menor intensidad.


Gráfica de línea de población total de Colombia 2018-2070: sube hasta 56,0 M en 2043 y luego baja; marca 2026 y 2070.

Las proyecciones del DANE sitúan el punto de inflexión alrededor de 2043, cuando la población alcanzaría cerca de 56 millones de habitantes. A partir de ese momento comenzaría una disminución gradual que llevaría al país a registrar aproximadamente 50,6 millones de habitantes en 2070. Más que un cambio abrupto, se trata del inicio de una nueva etapa demográfica en la que el crecimiento dejará de ser la característica predominante de la población colombiana.


Este comportamiento no responde a un evento aislado, sino a la convergencia de varios procesos que han venido desarrollándose durante las últimas décadas. Cada año nacen menos niños, la esperanza de vida continúa aumentando y las generaciones más numerosas avanzan hacia edades adultas y posteriormente hacia la vejez. Como consecuencia, el crecimiento natural pierde fuerza hasta acercarse progresivamente al equilibrio entre nacimientos y defunciones.


Sin embargo, el tamaño de la población explica solo una parte de la historia. El cambio más profundo no está en cuántos habitantes tendrá Colombia, sino en quiénes la conformarán. Mientras disminuye el número de niños y jóvenes, aumenta de manera sostenida la población adulta y, especialmente, la población mayor. Esa transformación redefine la estructura demográfica del país y tendrá efectos sobre prácticamente todos los ámbitos de la vida económica y social.


Cuando la pirámide deja de ser una pirámide

La imagen clásica de la población colombiana ha sido la de una pirámide con una base amplia, formada por millones de niños y jóvenes, y una cúspide estrecha donde se concentraban relativamente pocas personas mayores. Esa figura sintetizaba una sociedad caracterizada por una alta fecundidad y un rápido crecimiento. Hoy, esa forma comienza a desaparecer.


Uno de los indicadores que mejor refleja este cambio es la edad mediana de la población. En 2018, la mitad de los colombianos tenía menos de 29,7 años; para 2026, esa edad aumentó hasta 32,1 años. Aunque la diferencia parezca pequeña, representa uno de los procesos de envejecimiento más rápidos registrados por el país en un periodo tan corto.


El cambio también se observa al analizar los grandes grupos de edad. La población infantil continúa reduciéndose como consecuencia de la caída de los nacimientos, mientras la población adulta sigue creciendo impulsada por las generaciones nacidas durante los periodos de mayor fecundidad. Al mismo tiempo, las personas de 60 años y más constituyen el único grupo que aumentará de forma sostenida durante las próximas décadas, pasando de 8,1 millones en 2026 a 13,7 millones en 2050.


Las proyecciones muestran que hacia 2036 las personas mayores de 60 años superarían en número a la población menor de 15 años y, pocos años después, también serían más numerosas que la población joven. Se trata de un cambio histórico que refleja la entrada de Colombia en una fase avanzada de su transición demográfica.



Este proceso también modifica la relación entre la población que depende económicamente y aquella que se encuentra en edad de trabajar. En 2026, la relación de dependencia se ubica en 47,9 personas menores de 15 años o mayores de 65 por cada 100 personas en edad productiva. Durante los próximos años este indicador continuará descendiendo hasta alcanzar su nivel más bajo alrededor de 2042, marcando la última etapa del bono demográfico colombiano. Después comenzará a aumentar nuevamente, aunque esta vez impulsado por el crecimiento de la población mayor y no por el número de niños.


El envejecimiento, además, tendrá un marcado componente de género. Debido a su mayor esperanza de vida, las mujeres serán mayoría en las edades más avanzadas. Actualmente existen cerca de 69 hombres por cada 100 mujeres de 80 años o más, una diferencia que anticipa nuevos desafíos para los sistemas de cuidado y la atención de una población cada vez más longeva.


La transformación de la estructura por edades no ocurre por casualidad. Detrás de ella existe un cambio mucho más profundo: Colombia ya no tiene la misma cantidad de nacimientos que hace apenas una década. Esa reducción explica por qué la población infantil disminuye, por qué el crecimiento se desacelera y por qué el país comienza a prepararse para una sociedad con menos jóvenes y más adultos mayores.


Cada vez nacen menos colombianos

Toda transformación demográfica comienza con una decisión que ocurre dentro de los hogares: cuántos hijos tener y cuándo tenerlos. Lo que durante mucho tiempo pareció una elección individual termina modificando la estructura completa de un país. Menos nacimientos hoy significan menos niños en las escuelas dentro de algunos años, una fuerza laboral más reducida en el futuro y una población cada vez más envejecida. En Colombia, ese cambio ya está en marcha.


Durante la última década, el número de nacimientos ha disminuido de manera sostenida. En 2025 se registraron 433.678 nacimientos, un 4,5% menos que en 2024 y la cifra más baja observada en los últimos diez años. Aunque la reducción continúa, su ritmo fue menor que el registrado entre 2022 y 2024, cuando la caída anual superó el 10%. Esto sugiere que el descenso persiste, pero comienza a estabilizarse.


Al mismo tiempo, el número de defunciones aumenta de forma gradual. En 2025 se registraron 283.378 fallecimientos, un incremento del 2,8% frente al año anterior. Este aumento no responde a un deterioro de las condiciones de salud, sino al envejecimiento de la población. A medida que aumenta el número de personas en edades avanzadas, también crece el número esperado de defunciones, incluso cuando la esperanza de vida continúa mejorando.


Como resultado, el crecimiento natural de la población (la diferencia entre nacimientos y defunciones) se ha reducido de manera acelerada. Hace apenas una década, Colombia sumaba alrededor de 424 mil habitantes al año por esta vía. En 2025, esa diferencia cayó a 150 mil personas, poco más de la tercera parte del nivel observado diez años atrás. Si esta tendencia continúa, el crecimiento natural llegará a ser prácticamente nulo y la migración internacional adquirirá un papel cada vez más importante en la evolución de la población.


La reducción de la fecundidad también ha cambiado el momento en que las mujeres tienen hijos. Por primera vez, el grupo con mayor fecundidad corresponde a las mujeres de 25 a 29 años, desplazando al grupo de 20 a 24 años, que durante décadas concentró el mayor número de nacimientos. Este cambio refleja una maternidad más tardía, asociada a una mayor permanencia en el sistema educativo, una participación creciente de las mujeres en el mercado laboral y nuevas dinámicas familiares.


Sin embargo, esta transición no ocurre con la misma intensidad en todo el territorio. Mientras Bogotá D.C. registra una de las tasas más bajas de fecundidad adolescente, con 15 nacimientos por cada mil mujeres entre 15 y 19 años, La Guajira alcanza 58,6 nacimientos por cada mil mujeres del mismo grupo de edad. Estas diferencias muestran que Colombia no experimenta una única transición demográfica, sino varias, determinadas por las condiciones económicas, sociales y culturales de cada región.


La disminución de los nacimientos explica buena parte de la transformación que vive el país. Pero sus efectos no se distribuyen de manera uniforme. Hay territorios donde el envejecimiento ya es evidente y otros donde la población seguirá creciendo durante varias décadas gracias a una estructura demográfica más joven.


Un país que cambia a diferentes velocidades

La transición demográfica tiene una característica que suele pasar desapercibida: no ocurre al mismo tiempo en todo el territorio. Mientras algunas regiones ya enfrentan los desafíos propios de una población envejecida, otras todavía conservan una base joven que les permitirá seguir creciendo durante las próximas décadas. Esta diferencia explica por qué Colombia presenta realidades demográficas tan distintas entre departamentos, ciudades y municipios.


Las proyecciones del DANE indican que nueve de los 33 departamentos comenzarán a perder población antes de 2050. En estos casos, el descenso no responde principalmente a procesos migratorios, sino a una combinación de menor fecundidad y envejecimiento poblacional. Es el resultado natural de una transición demográfica que comenzó antes y que hoy entra en una nueva fase.


Quindío representa uno de los ejemplos más claros. Desde 2025, su población inició una disminución gradual, mientras que Bogotá D.C. alcanzaría su máximo poblacional alrededor de 2026. Este comportamiento también se observa en otros territorios que consolidaron tempranamente su proceso de urbanización y registran estructuras demográficas más envejecidas.


En contraste, departamentos como Vichada, Cundinamarca y La Guajira continuarán creciendo durante las próximas décadas. Entre 2026 y 2050, la población de Vichada aumentaría cerca de 57%, la de Cundinamarca alrededor de 34% y la de La Guajira aproximadamente 23%. En estos territorios predominan poblaciones más jóvenes y niveles de fecundidad superiores al promedio nacional, lo que prolonga su crecimiento demográfico.


Las diferencias también son evidentes cuando se observa la edad de la población. Mientras en Vaupés la mitad de los habitantes tiene menos de 18 años, en Quindío la edad mediana supera los 37 años. Esta brecha cercana a dos décadas ilustra la diversidad demográfica que caracteriza al país y la necesidad de diseñar políticas públicas diferenciadas para responder a realidades muy distintas.


Gráfico de puntos: edad mediana por departamento en 2026 vs 2050; azul y naranja, con Vaupés el más joven y Quindío/Caldas al alza.

El fenómeno también modifica la dinámica de las principales ciudades. Las proyecciones muestran que varias capitales ya alcanzaron o están próximas a alcanzar su máximo poblacional. Cali lo hizo en 2022; Medellín, Barranquilla, Cartagena y Cúcuta, en 2025; y Bogotá, en 2026. Esto no significa que las ciudades estén perdiendo atractivo, sino que parte de su crecimiento se traslada hacia los municipios vecinos.


El caso de Bogotá ilustra con claridad esta transformación. Mientras la capital reduciría alrededor de 390 mil habitantes entre 2026 y 2042, Soacha incorporaría aproximadamente 416 mil nuevos residentes, consolidándose como una de las ciudades con mayor crecimiento del país. Procesos similares se observan en municipios como Chía, Cajicá, Mosquera y Cota, alrededor de Bogotá; Jamundí y Candelaria, en el entorno de Cali; y Rionegro y Marinilla, en el área de influencia de Medellín.


En conjunto, las proyecciones indican que 535 de los 1.123 municipios colombianos perderán población entre 2026 y 2042, mientras el crecimiento se concentrará en las coronas metropolitanas y en departamentos con estructuras demográficas más jóvenes. La Colombia que continuará creciendo será, en gran medida, una Colombia periférica, metropolitana y diversa.


Conclusiones

La transición demográfica no representa una crisis, pero sí uno de los cambios estructurales más importantes que enfrentará Colombia durante las próximas décadas. Después de un siglo caracterizado por el crecimiento continuo de la población, el país entra en una etapa en la que el envejecimiento, la reducción de los nacimientos y las diferencias territoriales comenzarán a definir buena parte de su desarrollo económico y social.


Esta transformación también modifica la naturaleza de los principales desafíos públicos. Durante buena parte del siglo pasado fue necesario ampliar la cobertura educativa, construir vivienda e incorporar millones de personas al mercado laboral. En adelante, la prioridad será prepararse para una población con más adultos mayores, menos niños y una demanda creciente por servicios de salud, cuidado y protección social. La capacidad para anticipar estos cambios será determinante para garantizar el bienestar de las próximas generaciones.


El periodo comprendido entre 2026 y 2042 constituye, además, una oportunidad que difícilmente volverá a repetirse. Colombia todavía cuenta con una elevada proporción de población en edad de trabajar y una relación de dependencia históricamente baja. Aprovechar esta ventana para aumentar la productividad, reducir la informalidad, fortalecer el ahorro y mejorar la calidad del empleo será fundamental antes de que el envejecimiento ejerza una mayor presión sobre las finanzas públicas y los sistemas de protección social.


Aunque las proyecciones podrán ajustarse en el futuro conforme evolucionen la fecundidad, la mortalidad o la migración internacional, la dirección del cambio es clara. Colombia será un país más envejecido, con un crecimiento poblacional cada vez menor y con profundas diferencias demográficas entre regiones. Comprender esta realidad no significa anticipar un problema inevitable, sino reconocer que las decisiones que se tomen durante los próximos años determinarán la forma en que el país enfrentará una de las transformaciones más profundas de su historia reciente.

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