Colombia frenó su peor problema en PISA, pero la desigualdad educativa no cede

El 8 de septiembre de 2026, la OCDE publicó los resultados de PISA 2025 y, en cuestión de horas, los titulares colombianos coincidieron en un mismo diagnóstico: el país sigue rezagado, la mitad de los estudiantes no alcanza el nivel mínimo en lectura y siete de cada diez se quedan cortos en matemáticas. Todo eso es cierto. También es incompleto.
Colombia en Datos revisó el informe completo PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students y la nota específica de Colombia, para responder una pregunta distinta a la que ya respondió la prensa: no solo qué tan atrás está Colombia, sino qué explica ese resultado, qué tan real es la caída que todos reportaron, y cómo le fue al país frente a quienes empezaron en un punto parecido. La respuesta no es tan simple como “Colombia se estanca” ni tan optimista como “Colombia mejora”. Es una historia con al menos dos “peros” que los titulares no alcanzaron a contar.
¿Qué mostró PISA 2025 en Colombia, más allá del promedio?
Colombia obtuvo 414 puntos en ciencias, 399 en lectura, 381 en matemáticas y 432 en resolución computacional de problemas, entre 62 y 82 puntos por debajo del promedio de los 38 países de la OCDE en cada prueba. Son los cuatro resultados que evaluó PISA 2025 a estudiantes de 15 años en 91 países y economías, y en los cuatro Colombia se ubica por debajo del promedio de la organización (482, 461, 463 y 500 puntos, respectivamente).
Puesto en perspectiva: la diferencia de 82 puntos en matemáticas equivale, según la propia OCDE, a más de cuatro años de aprendizaje escolar (20 puntos PISA representan, en promedio, el avance típico de un año de escolaridad). Solo 1,1% de los estudiantes colombianos alcanzó el nivel más alto de desempeño en al menos una de las tres áreas principales, frente a 11,9% en el promedio OCDE. En el otro extremo, 43,9% de los estudiantes colombianos no alcanzó el nivel mínimo de competencia en ninguna de las tres pruebas, más del doble que el promedio de la organización (19,7%).

Hay un matiz que ninguno de los titulares mencionó: frente a 2022, ninguno de los tres resultados principales de Colombia cambió de forma estadísticamente significativa, según lo dice explícitamente la nota oficial de la OCDE para el país. En el papel, la lectura cayó 9 puntos y las matemáticas 2, pero esas diferencias están dentro del margen de error de la prueba; la OCDE las trata como estabilidad, no como retroceso. La caída que sí es real y significativa es frente a 2018, el mejor momento reciente de Colombia en la prueba: ahí sí hubo un deterioro claro en lectura y matemáticas. Confundir “peor que el pico de 2018” con “peor que hace tres años”, como hicieron varios titulares al calcular la diferencia contra 2022, exagera una caída que, edición contra edición, no existe.
¿Colombia retrocedió o dejó de caer donde más le dolía?
En ciencias, la materia central de esta edición de PISA, la proporción de estudiantes colombianos con el desempeño más bajo bajó y la de estudiantes con el desempeño más alto subió, mientras que en el promedio de la OCDE ocurrió justo lo contrario. Es, probablemente, el hallazgo más contraintuitivo de esta edición para Colombia, y el que menos espacio tuvo en la cobertura mediática.
Entre 2022 y 2025, el porcentaje de estudiantes colombianos por debajo del nivel mínimo en ciencias cayó 1,4 puntos porcentuales, y el de estudiantes en los niveles más altos (5 o 6) subió 0,1 puntos. En el promedio de los 35 países de la OCDE comparables, la proporción de rezagados aumentó 1,2 puntos y la de estudiantes de alto desempeño cayó 0,3 puntos: el sistema educativo promedio de la OCDE perdió terreno exactamente donde Colombia lo ganó. Mirado en una ventana más larga, la OCDE señala que Colombia está entre solo cinco países y economías, junto con Corea, Macao (China), Chinese Taipei y Estados Unidos, que lograron aumentar su proporción de estudiantes de alto desempeño en ciencias en la última década.

Esto no borra el problema de fondo: 43,9% de los estudiantes colombianos sigue sin alcanzar el nivel mínimo en las tres materias combinadas, y el puntaje promedio en ciencias sigue muy por debajo del de la OCDE. Pero sí matiza el relato de un sistema educativo en caída libre. Lo que muestran los datos es más bien un sistema que, en su indicador más urgente (los estudiantes que se están quedando completamente por fuera del aprendizaje básico), dejó de empeorar y empezó, apenas, a mejorar.
¿Por qué siguen cayendo lectura y matemáticas si la ciencia se estabilizó?
Parte de la aparente caída en lectura y matemáticas de Colombia entre 2015 y 2025 está ligada a que más adolescentes colombianos, muchos de poblaciones antes excluidas del sistema, llegaron a noveno grado o más, el requisito para presentar la prueba. Es una explicación estadística incómoda, pero está documentada explícitamente por la OCDE, y ningún medio colombiano la mencionó.
PISA solo evalúa a estudiantes de 15 años que ya alcanzaron cierto nivel de escolaridad (mínimo séptimo grado). Cuando un país amplía el acceso a la educación secundaria, entran a la muestra más estudiantes que antes ni siquiera habrían sido elegibles para el examen: típicamente, estudiantes de hogares más pobres, con más probabilidad de rezago escolar.
La OCDE señala que, entre los países donde la cobertura de PISA aumentó de forma notable desde 2015, el puntaje promedio en ciencias se mantuvo estable en Colombia, Costa Rica y México, así los resultados en lectura o matemáticas (o ambas) hayan caído en ese periodo. En la nota específica de Colombia, la organización es todavía más directa: entre 2018 y 2025, el número de adolescentes de 15 años elegibles para presentar la prueba aumentó en Colombia pese a que la población de esa edad se redujo, lo que sugiere que la matrícula en secundaria siguió creciendo. Eso, dice la OCDE, “sugiere también que la aparente caída en los resultados de matemáticas y lectura en este periodo está ligada a la integración de más adolescentes de 15 años de poblaciones marginadas al sistema escolar, y que los resultados de PISA para los estudiantes restantes, más aventajados (aquellos cuya situación no cambió como resultado de la expansión educativa) no cayeron”.
Dicho de otra forma: si el grupo de estudiantes que Colombia evaluaba en 2015 se hubiera mantenido exactamente igual en 2025, sin sumar a los jóvenes que la ampliación de cobertura trajo al sistema, probablemente el retroceso en lectura y matemáticas se vería distinto. Esto no es una excusa para no actuar: la calidad educativa de los estudiantes que ya estaban en el sistema tampoco mejoró de forma clara, y la proporción de estudiantes por debajo del nivel mínimo sí aumentó 5 puntos porcentuales en matemáticas y 12 en lectura desde 2015, según la nota oficial de país. Pero sí cambia la pregunta de política pública: no es solo “¿por qué cae la calidad?”, sino “¿logramos que más estudiantes entraran al sistema sin que eso implicara enseñarles menos?”.
La pandemia tampoco explica el patrón por sí sola. Colombia estuvo, junto con Costa Rica, entre los países con cierres escolares más prolongados (cerca de 20 semanas entre febrero y junio de 2020) de los 29 sistemas educativos comparados por la OCDE. Pero mientras la lectura colombiana cayó cerca de 9 puntos en el periodo asociado a la pandemia, Costa Rica, con cierres de duración similar, no registró un cambio significativo. La propia OCDE concluye que no hay una relación simple entre semanas de cierre escolar y caída de resultados: el impacto dependió de cómo cada país mitigó la pérdida de aprendizaje, no solo de cuánto tiempo estuvieron cerrados los colegios.
¿Cómo le fue a Colombia frente a sus vecinos?
Costa Rica y Uruguay, dos países con los que Colombia suele compararse en la región, lograron mejorar en ciencias entre 2022 y 2025; Colombia se quedó estancada. Es el contraste regional más claro de esta edición, y una pregunta más útil que el ranking genérico de “Colombia quedó de sexta en América Latina”.
País | Ciencias | Lectura | Matemáticas | Cambio en ciencias 2022-2025 |
Uruguay | 445 | 423 | 405 | +9 |
Chile | 442 | 436 | 403 | -1 |
Costa Rica | 424 | 416 | 387 | +13 |
México | 414 | 408 | 388 | +4 |
Colombia | 414 | 399 | 381 | +3 |
Brasil | 409 | 408 | 377 | +6 |
Perú | 406 | 390 | 382 | -2 |
Ecuador | 393 | 385 | 366 | m |
Argentina | 393 | 389 | 367 | -13 |
Rep. Dominicana | 361 | 346 | 339 | 0 |
Promedio OCDE | 482 | 461 | 463 | -3 |
Nota: “m” indica dato no disponible para el cambio 2022-2025. Fuente: OCDE, Base de datos PISA 2025.
Colombia empató en ciencias con México (414 puntos cada uno), pero México superó a Colombia en lectura (408 frente a 399) y en matemáticas (388 frente a 381). Chile y Uruguay siguen siendo, por un margen amplio, los países de mejor desempeño de la región: ambos superan a Colombia por entre 22 y 37 puntos según la materia. Costa Rica, con una población y un sistema educativo de tamaño más parecido al de otros países de la región que al de las potencias asiáticas, subió 13 puntos en ciencias en apenas tres años, uno de los mayores incrementos entre los países de la OCDE en esta edición (solo detrás de Türkiye, con +18), mientras Colombia subió apenas 3, un cambio que la propia OCDE no considera significativo.
Colombia sí supera con claridad a Ecuador, Argentina y República Dominicana en los tres resultados principales. Argentina, en particular, cayó 13 puntos en ciencias en el mismo periodo en que Colombia se mantuvo estable, uno de los peores desempeños relativos de la región en esta edición. El panorama, entonces, no es “Colombia mal, todos los demás bien”: es un grupo de países con trayectorias divergentes, donde Costa Rica y Uruguay se despegaron hacia arriba, Chile mantuvo su liderazgo regional, y Colombia quedó, junto con México y Brasil, en un bloque intermedio que ni mejora con claridad ni se hunde.
La desigualdad que no cede
Mientras la brecha de aprendizaje entre estudiantes ricos y pobres se redujo en el promedio de la OCDE entre 2022 y 2025, en Colombia se amplió. Es, probablemente, el dato menos alentador de todo el informe, y el que debería preocupar más a quienes diseñan política educativa: no es que la desigualdad se haya mantenido; es que fue en la dirección contraria a la tendencia mundial.
En el promedio de la OCDE, la diferencia en ciencias entre el 25% de estudiantes más aventajados socioeconómicamente y el 25% más desfavorecido pasó de 98 a 85 puntos entre 2022 y 2025, una reducción de 13 puntos impulsada principalmente porque el desempeño de los estudiantes aventajados cayó, no porque el de los desfavorecidos mejorara. En Colombia ocurrió lo opuesto: la brecha pasó de 89 a 93 puntos, un aumento de 4 puntos, porque tanto los estudiantes aventajados (+5) como los desfavorecidos (+2) mejoraron levemente, pero los aventajados lo hicieron más rápido.

Colombia ya llegaba a esta edición con una de las brechas más marcadas de América Latina: el origen socioeconómico explica 17,4% de la variación en el desempeño en ciencias de los estudiantes colombianos, muy por encima del 11,6% del promedio OCDE y también más que Chile (11,4%), México (11,9%), Argentina (11,8%), Perú (13,7%), Uruguay (14,9%), Brasil (15,9%) y Guatemala (17,1%). En la región, solo Ecuador (20,4%) muestra una desigualdad socioeconómica en el aprendizaje más marcada que Colombia.
La otra cara de esa desigualdad es la resiliencia académica: apenas 9,2% de los estudiantes colombianos de origen desfavorecido logró ubicarse en el cuartil de mejor desempeño en ciencias, por debajo del 11,9% del promedio OCDE, y Colombia queda en el grupo de países con menos de 10% de estudiantes “académicamente resilientes” (junto con Austria, Bélgica, Brasil, Ecuador, Alemania, Luxemburgo, Rumania, Eslovaquia, Suecia y Zambia). A eso se suma que más de la mitad de los estudiantes colombianos de origen desfavorecido reporta algún tipo de privación social (no tener con quién hablar de sus problemas, sentirse excluido), una cifra que Colombia comparte con Camboya, Ecuador, Guatemala, El Salvador, Jordania, Perú y Filipinas, y que contrasta con menos de 5% en países como Austria, Croacia o Corea.
Estudiantes motivados, sistema que no responde
Los estudiantes colombianos se reportan más curiosos, perseverantes y dispuestos a esforzarse que el promedio de la OCDE, pero esa actitud no se traduce en mejores resultados académicos. Es la paradoja menos comentada de esta edición: Colombia no tiene, según los propios estudiantes, un problema de motivación.
En el índice de perseverancia, Colombia obtiene 0,32 frente a un promedio OCDE de 0,00 (la escala está centrada en el promedio de la organización); en curiosidad, 0,24 frente a 0,00; en capacidad de adaptación cognitiva, 0,25 frente a 0,01. Son valores más altos que los de países con mejores resultados académicos, como Uruguay (0,17 en perseverancia) o incluso Singapur (0,08). Sin embargo, en la creencia de que la inteligencia se puede desarrollar con esfuerzo (la llamada “mentalidad de crecimiento”), Colombia queda por debajo del promedio: 56,6% de los estudiantes colombianos la comparte, frente a 69,3% en la OCDE.
Un dato adicional, poco explorado todavía por el debate educativo colombiano: 56% de los estudiantes colombianos usa chatbots de inteligencia artificial para tareas escolares al menos una vez por semana, por encima del 46% del promedio OCDE, y lo hacen sobre todo para investigar un tema nuevo (45% frente a 31% en la OCDE) y redactar textos (39% frente a 29%). La propia OCDE advierte que el uso de IA está asociado con mejores resultados solo cuando se combina con oportunidades explícitas de aprender a usarla de forma crítica (oportunidades que, en la mayoría de los sistemas educativos, son más comunes entre estudiantes aventajados), lo que abre una pregunta que Colombia todavía no ha empezado a responder: si el uso más intensivo de IA entre sus estudiantes se está traduciendo en una herramienta de aprendizaje o en un atajo que refuerza, en lugar de cerrar, la brecha existente.
Por qué importa
PISA no mide solo qué tan bien resuelven una prueba los adolescentes de 15 años: es, según estimaciones citadas por la propia OCDE, uno de los mejores predictores disponibles del desempeño futuro de una economía. Investigadores de Stanford calculan que si todos los adolescentes estadounidenses alcanzaran al menos el nivel básico de competencia en PISA, eso podría añadir 40 billones de dólares a la economía de ese país a lo largo de la vida laboral de esa generación. En Colombia, donde 43,9% de los estudiantes no alcanza ese nivel mínimo en ninguna de las tres materias, la magnitud del reto es, en proporción, todavía mayor.
El hallazgo más importante de esta edición para Colombia no es que el país siga por debajo del promedio de la OCDE (eso ya se sabía y probablemente seguirá siendo cierto durante años). Es que la desigualdad en el aprendizaje se movió en la dirección equivocada justo cuando el resto del mundo empezaba, aunque fuera modestamente, a corregirla. Un sistema educativo que amplía el acceso sin cerrar la brecha de origen socioeconómico corre el riesgo de repetir, generación tras generación, la misma desigualdad que dice querer resolver.
Conclusiones
PISA 2025 no retrata a una Colombia que se hunde ni a una que mejora con claridad: retrata a un sistema que amplió el acceso a la educación secundaria, estabilizó (apenas) su problema más urgente en ciencias, y sigue sin resolver una desigualdad que, mientras el resto del mundo empezaba a achicarse, en Colombia creció. Frente a 2022, ningún resultado cambió de forma significativa; frente a 2018, la caída en lectura y matemáticas sí es real.
Frente a la región, Costa Rica y Uruguay lograron lo que Colombia todavía no: mejorar. Y frente a sus propios estudiantes, más curiosos y perseverantes que el promedio de la OCDE, el sistema educativo colombiano todavía no logra convertir esa motivación en aprendizaje.
La pregunta que deja esta edición de PISA no es solo cómo subir el promedio nacional. Es cómo lograr que, la próxima vez que Colombia amplíe el acceso a la educación (algo que, en sí mismo, es una buena noticia), ese acceso venga acompañado de más equidad, y no de la misma brecha de siempre repartida entre más estudiantes.
Fuentes: OECD (2026), PISA 2025 Results (Volume I): Future-Ready Students, PISA, OECD Publishing, Paris (377 páginas), y OECD (2026), PISA 2025 Results, Volume I, Country Notes: Colombia, ambos publicados el 8 de septiembre de 2026.
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