La desocupación en Colombia cayó a 8,1 % en julio, pero la mejora es más frágil de lo que parece

En julio de 2026 la tasa de desocupación nacional se ubicó en 8,1 %, 0,7 puntos porcentuales (p.p.) por debajo de julio de 2025 y la lectura más baja para un mes de julio desde que existe la serie comparable con las proyecciones de población del Censo 2018. La ocupación creció en 578 mil personas y la desocupación cayó en 160 mil: a primera vista, el dato confirma una recuperación sostenida del mercado laboral colombiano.
Pero esa lectura agregada esconde matices que cambian su interpretación y que vale la pena seguir leyendo. La mejora no vino de las trece principales ciudades y áreas metropolitanas —donde la desocupación en realidad subió levemente, de 8,4 % a 8,5 %— sino de las cabeceras intermedias y de las zonas rurales y centros poblados. El empleo que más creció fue el trabajo por cuenta propia y el empleo público, mientras el empleo asalariado en empresas privadas —la categoría más numerosa y, típicamente, la de mejor calidad— apenas se movió. Y la serie desestacionalizada, que filtra el efecto del calendario, muestra que la tasa de desocupación dejó de bajar en los últimos dos meses y empezó a subir levemente, tanto a nivel nacional como en las trece ciudades. A esto se suman brechas que persisten pese a la mejora general —en género, en juventud y entre la población afrocolombiana— y un deterioro puntual pero marcado en Cartagena.
Este informe recorre esas preguntas: examina de dónde vino la mejora territorial, qué tan formal y estable es el empleo que se está creando, y cómo se distribuye el resultado entre hombres y mujeres, jóvenes y adultos, y grupos étnico-raciales.
¿Qué explica la caída del desempleo nacional?
La reducción de la desocupación nacional se concentró fuera de las trece principales ciudades y áreas metropolitanas, el segmento que en teoría concentra el empleo de mejor calidad del país. En julio de 2026 la población ocupada llegó a 24,5 millones de personas, 578 mil más que un año atrás (+2,4 %, variación estadísticamente significativa). La población desocupada bajó a 2,2 millones, 160 mil menos (-6,9 %).
Al descomponer esa mejora por dominio geográfico, el patrón es claro: los centros poblados y el área rural dispersa aportaron una caída de 1,4 p.p. en su propia tasa de desocupación (con una contribución de -0,3 p.p. a la tasa nacional), y las cabeceras distintas a las trece principales ciudades aportaron una caída de 1,8 p.p. (contribución de -0,5 p.p., estadísticamente significativa). En contraste, las trece ciudades y áreas metropolitanas —Bogotá, Medellín, Cali, Barranquilla y las demás capitales con mayor peso económico— prácticamente no aportaron a la mejora: su tasa de desocupación subió 0,1 p.p. y su contribución a la tasa nacional fue nula.
Esto se refleja también en el origen de los nuevos empleos: de los 578 mil ocupados adicionales, las cabeceras distintas a las 13 ciudades aportaron 243 mil y los centros poblados y zona rural dispersa 238 mil —juntos, el 83 % del crecimiento—, mientras las 13 ciudades y áreas metropolitanas solo aportaron 79 mil, pese a concentrar cerca de la mitad de todos los ocupados del país.
Por rama de actividad, un solo grupo explica la mayor parte del resultado: administración pública y defensa, educación y atención de la salud humana aportó 404 mil nuevos ocupados —el 70 % del crecimiento total—, seguido de comercio y reparación de vehículos (158 mil) y construcción (156 mil). En el otro extremo, agricultura, ganadería, caza, silvicultura y pesca perdió 204 mil ocupados, la mayor caída sectorial del mes.
Lo que el dato agregado no muestra es que ese crecimiento no es homogéneo entre sectores privados y públicos: administración pública, educación y salud son actividades con una fuerte presencia de empleo estatal o financiado con recursos públicos, mientras sectores típicamente privados y formales —actividades financieras, alojamiento y comida, transporte, suministro de electricidad y gas— perdieron ocupados en el margen.
¿Es sostenible la mejora, o el mercado laboral está perdiendo impulso?
La serie desestacionalizada —la que mejor capta la tendencia reciente sin el ruido del calendario— muestra que la tasa de desocupación dejó de bajar en junio y julio, tanto a nivel nacional como en las principales ciudades. La comparación interanual (julio de 2026 contra julio de 2025) es la que produce el titular de 8,1 %. Pero esa comparación puede ocultar un cambio de tendencia reciente si se mira solo el último dato frente a un año atrás. Para eso sirve la serie desestacionalizada preliminar que publica el DANE: retira los patrones que se repiten cada año en la misma época y permite ver hacia dónde se mueve el mercado laboral mes a mes.
Esa serie muestra que la tasa de desocupación nacional venía en una trayectoria descendente sostenida desde 2021, con una desaceleración clara desde 2024. Sin embargo, en los últimos dos meses el indicador se movió en la dirección contraria: pasó de 8,2 % en junio a 8,3 % en julio (nacional) y de 8,2 % a 8,4 % en las trece ciudades y áreas metropolitanas. Es un movimiento pequeño —dos décimas— y el propio DANE lo presenta como preliminar, sujeto a revisión con los datos de los meses siguientes. No alcanza, con la información disponible, para hablar de un cambio de tendencia confirmado.

Ese mismo patrón de estancamiento urbano se refleja en el trimestre móvil mayo-julio 2026 para las trece ciudades: la tasa de desocupación bajó ligeramente frente a 2025 (de 8,6 % a 8,4 %), pero tanto la tasa global de participación (de 66,7 % a 66,3 %) como la tasa de ocupación (de 61,0 % a 60,7 %) retrocedieron. Es decir, en las principales ciudades no solo se creó menos empleo: también se redujo la proporción de personas que participan activamente en el mercado laboral, un patrón compatible con un desánimo relativo a buscar trabajo en las grandes urbes.
El resultado por ciudad confirma que la foto urbana es desigual. Cartagena fue, con diferencia, la que más se deterioró: su tasa de desocupación en el trimestre móvil pasó de 9,9 % a 13,6 %, un salto de 3,7 p.p. estadísticamente significativo que la ubicó como la segunda ciudad con mayor desocupación del país, después de Quibdó (23,0 %). Sincelejo (13,0 %), Ibagué (12,7 %) y Tunja (12,4 %) completan el grupo de mayor desocupación. En el otro extremo, Medellín A.M. (7,0 %), Bucaramanga A.M. (7,2 %) y Pereira A.M. (7,5 %) registraron las tasas más bajas del país. En el año móvil agosto 2025–julio 2026, Buenaventura (25,6 %), Quibdó (24,1 %), Tumaco (22,6 %) y Barrancabermeja (22,4 %) —ciudades con menor peso en el promedio nacional pero con desocupación estructuralmente alta— encabezan el ranking, mientras Leticia (3,2 %) y Rionegro (5,2 %) están en el extremo opuesto.
Lo que no podemos determinar todavía es si el repunte de la serie desestacionalizada en junio y julio marca el fin del ciclo de mejora que empezó en 2024 o si es una fluctuación de corto plazo. El sismo del 10 de agosto de 2026 en Chocó, Caldas, Quindío, Risaralda y Valle del Cauca —posterior al periodo de referencia de este informe— tampoco está capturado en las cifras de julio; el DANE ya advirtió que hará seguimiento metodológico a su impacto en la recolección de la encuesta en los próximos meses.
¿Qué tan formal es el empleo que se está creando?
El crecimiento del empleo estuvo liderado por el trabajo por cuenta propia, no por el empleo asalariado en empresas privadas, que es la categoría más estable y con mejor acceso a protección social. Al mirar la población ocupada según posición ocupacional, el patrón es contundente: el trabajo por cuenta propia aportó 413 mil de los 578 mil nuevos ocupados —1,7 p.p. de los 2,4 puntos de crecimiento total—, seguido de patrón o empleador (150 mil) y obrero o empleado del gobierno (130 mil). En contraste, obrero o empleado particular —la categoría que agrupa a los asalariados de empresas privadas y la más numerosa del país, con 10,9 millones de personas— solo creció en 39 mil personas, una variación que ni siquiera resultó estadísticamente significativa. Jornalero o peón, por su parte, perdió 185 mil ocupados, la mayor caída de todas las posiciones.

Esta composición explica por qué la proporción de informalidad, aunque bajó, sigue siendo alta: se ubicó en 54,5 % a nivel nacional, 40,5 % en las trece ciudades y áreas metropolitanas y 82,5 % en centros poblados y zona rural dispersa. La buena noticia es la tendencia: la informalidad nacional ha bajado de forma sostenida desde 58,9 % en julio de 2021 hasta el 54,5 % actual, y la caída se repite en todos los dominios geográficos. La persistencia es que, incluso con esa mejora estructural de cinco años, más de la mitad de los ocupados del país sigue sin cotizar a salud y pensión a través de su relación laboral.
A nivel de ciudades, Sincelejo (65,2 %), Riohacha (61,9 %) y Cúcuta A.M. (61,9 %) tienen la mayor proporción de informalidad, mientras Bogotá D.C. (32,6 %), Manizales A.M. (35,6 %) y Tunja (35,7 %) tienen la menor. Florencia es la excepción a la tendencia general de mejora: su informalidad subió 5,4 p.p. en el último año, un cambio estadísticamente significativo que contrasta con la caída generalizada en el resto del país.
Por qué importa: que el empleo crezca por cuenta propia en lugar de hacerlo como empleo asalariado formal no es, en sí mismo, un problema —el trabajo independiente puede ser una fuente legítima de ingreso—, pero sí es una señal relevante sobre la calidad del empleo que se está generando: en promedio, el trabajo por cuenta propia tiene menor cobertura de seguridad social, menor estabilidad y menores ingresos que el empleo asalariado formal. Un mes en el que una sola categoría —el trabajo por cuenta propia— explica el 71 % del crecimiento del empleo, y el empleo asalariado en empresas privadas apenas el 7 %, es un mes de más empleo, pero no necesariamente de mejor empleo.
¿Las mujeres y los jóvenes se están beneficiando por igual?
La brecha de género en la tasa de desocupación se redujo a su nivel más bajo en la serie 2018-2026, pero la brecha en participación laboral —24 puntos porcentuales— apenas se ha movido, y son las mujeres jóvenes las únicas que perdieron empleo este mes. La tasa de desocupación de las mujeres fue 10,1 % en julio de 2026, frente a 6,7 % de los hombres: una brecha de 3,4 p.p., la más baja desde julio de 2018 (cuando era de 5,0 p.p.). La tendencia de largo plazo es, en ese sentido, positiva. Sin embargo, esa brecha se explica en parte por dónde se mide: en las trece ciudades y áreas metropolitanas, donde el mercado laboral urbano tiende a ser más equitativo, la brecha de género en desocupación es de apenas 1,0 p.p. (9,1 % mujeres frente a 8,1 % hombres); a nivel nacional, que incluye zonas rurales con estructuras de empleo más tradicionales, la brecha casi se triplica.
Además, la desocupación no captura toda la desigualdad. La tasa global de participación de las mujeres es 53,2 %, frente a 77,4 % de los hombres —una brecha de 24,2 p.p. que prácticamente no depende del ciclo económico y refleja, sobre todo, la distribución desigual del trabajo de cuidado no remunerado: de los 131 mil personas que se sumaron a la población fuera de la fuerza de trabajo, 199 mil fueron mujeres (los hombres, de hecho, salieron de esa categoría en 68 mil), y las mujeres que están fuera de la fuerza laboral se concentran en oficios del hogar (7,9 millones) y estudio (3,4 millones).
Por sector, el crecimiento del empleo femenino también fue más selectivo: las mujeres ganaron participación en administración pública, educación y salud (+184 mil, estadísticamente significativo) y en información y comunicaciones (+58 mil, significativo), pero perdieron empleo en actividades financieras y de seguros (-56 mil), alojamiento y servicios de comida (-52 mil) y construcción (-21 mil) —sectores donde ya tenían una presencia minoritaria.
En los jóvenes (15 a 28 años), la tasa de desocupación del trimestre móvil mayo-julio fue 14,1 %, 1,7 veces la tasa general. La brecha de género juvenil, aunque también se redujo desde 2018 (de 8,9 p.p. a 5,9 p.p.), sigue siendo casi el doble de la brecha general: 17,5 % en mujeres jóvenes frente a 11,6 % en hombres jóvenes. Y dentro de la población ocupada total, el único grupo demográfico que perdió empleo en términos absolutos fue el de mujeres de 15 a 24 años, con una caída de 61 mil ocupadas, mientras todos los demás grupos de edad y sexo ganaron empleo.
A nivel territorial, la desocupación juvenil también es más alta y más volátil que la general: Quibdó (33,6 %), Sincelejo (25,8 %) y Cartagena (25,4 %, con un deterioro significativo de 4,7 p.p.) tienen las tasas más altas; Florencia, Medellín A.M. y Pereira A.M., alrededor de 12 %, las más bajas. Riohacha fue la excepción positiva del mes, con una caída de 8,0 p.p. en su desocupación juvenil.
¿Qué revela la desigualdad étnico-racial en el mercado laboral?
La desocupación bajó para todos los grupos étnico-raciales en el último año, pero la población afrocolombiana sigue enfrentando una tasa de desocupación cerca de dos puntos porcentuales más alta que el resto de la población, y la brecha se agudiza cuando se cruza con el género. En el año móvil agosto 2025-julio 2026, la tasa de desocupación de la población que se autorreconoce como negra, afrocolombiana, raizal o palenquera fue 10,4 %-10,5 %, frente a 8,4 % de la población sin autorreconocimiento étnico —una diferencia de dos puntos que se mantuvo pese a que ambos grupos mejoraron frente al año anterior. La brecha se profundiza al cruzar con sexo: entre la población afrocolombiana, la tasa de desocupación de las mujeres es 14,9 %-15,0 %, más del doble que la de los hombres del mismo grupo (7,0 %-7,1 %).
La población indígena, en cambio, mostró una dinámica más débil que el resto: su tasa de desocupación subió levemente (de 7,0 % a 7,3 %) mientras la de los demás grupos bajaba, y tanto su participación laboral (de 65,8 % a 64,2 %) como su tasa de ocupación (de 61,2 % a 59,5 %) se redujeron. Ninguna de estas variaciones fue señalada por el DANE como estadísticamente significativa, por lo que debe leerse con cautela, pero es una señal que vale la pena seguir en las próximas ediciones.
Conclusiones
La tasa de desocupación de julio de 2026 confirma que el mercado laboral colombiano sigue en una fase de mejora relativa frente a 2025: hay más gente ocupada, menos gente buscando empleo sin encontrarlo y una brecha de género en desocupación en su nivel más bajo en ocho años. Ese es el hallazgo que debe leerse primero.
Pero el titular nacional no cuenta toda la historia. La mejora no llegó a las trece principales ciudades y áreas metropolitanas, que concentran la mayor parte del empleo formal del país y donde la desocupación en realidad subió; se apoyó de forma desproporcionada en el trabajo por cuenta propia y en el empleo público, mientras el empleo asalariado privado —el más numeroso y, en promedio, el de mejor calidad— apenas creció; y la serie que mejor capta la tendencia reciente sugiere que el impulso a la baja de la desocupación se detuvo en los últimos dos meses.
Las brechas de fondo —de género en participación laboral, de edad en las mujeres jóvenes, y étnico-raciales en la población afrocolombiana— tampoco se cerraron con la mejora general del mes. Siguen siendo, en la práctica, tres mercados laborales distintos dentro de uno solo: el de los hombres adultos urbanos, con participación y ocupación altas; el de las mujeres, con una brecha de participación que el ciclo económico por sí solo no está cerrando; y el de los jóvenes y la población afrocolombiana, donde la desocupación se mantiene estructuralmente por encima del promedio nacional pase lo que pase con el ciclo.
Lo que sigue por observar en las próximas ediciones es si el repunte reciente de la serie desestacionalizada se consolida como cambio de tendencia, cómo evoluciona la desocupación en Cartagena tras su fuerte deterioro de este mes, y qué efecto tiene el sismo del 10 de agosto sobre la medición del mercado laboral en los departamentos afectados a partir de los datos de agosto.
Metodología y fuentes
Este informe se basa en el Comunicado de prensa, el Boletín técnico y la presentación de rueda de prensa de la Gran Encuesta Integrada de Hogares (GEIH) de julio de 2026, publicados por el DANE el 31 de agosto de 2026, así como en su anexo estadístico. Todas las cifras corresponden a datos expandidos con proyecciones de población elaboradas con base en el Censo Nacional de Población y Vivienda (CNPV) 2018. Las variaciones señaladas como "estadísticamente significativas" en el texto corresponden a las marcadas como tales por el DANE; las demás variaciones se presentan como referencia descriptiva y deben interpretarse con cautela, dado que las tasas menores al 10 % pueden presentar errores de muestreo superiores al 5 %.
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